FamiliaViene y se va, pero tiene peso propio cuando está.
A veces siento como si fuera mi hija la que añora, porque añora cosas que nunca tuvo, que nunca supo, que nunca sintió.
En casa somos tres, y somos bastante felices, nos disfrutamos a tope, pero estamos solos, estamos los tres, pero los tres solos. Vicky siempre quiere fiestas, a los cumpleaños los entiende como fiestas con pastel, y le cuesta ver la casa vacía cada vez que alguien cumple un año mas. No puedo traer al primero que veo en la calle, si no tengo amigos ni familiares no los tengo y punto.
Yo me aguanto, lloro y vuelvo a sentirme satisfecha cuando recuerdo que estoy aquí por una serie de decisiones que yo misma tomé, por haber escalado muros, por haber saltado precipicios y por tener una voluntad de hierro para no volver sobre mis pasos. Pero ella, ella qué sabe del dolor!? ella se ve maniatada cada vez que todos festejan “en familia” y nosotros ponemos la tele para hacer mas ruido. Sé que tampoco entiende que todos tengan a sus “yayas” (abuelas), y que ella no, que al menos otros niños los van a ver en avión, y ella no.
Me siento jodida a veces, jodida por no poder darle todo lo que necesita. Si, porque tener una familia y amigos es necesario, casi vital.
La cuestión no es si “acá o allá”, o si “material o emocional”, solo los inmigrantes sabemos por qué nos vamos, y por qué no volvemos. Los “porqués” son tan personales, que a veces no sé ni los míos.
Y acá es donde me doy cuenta que no puedo ni podré hacerla felíz al %100, que la vida da vueltas sola, que no tengo el control que pensé que tenía. Decíme ingenua, pero es que hay cosas que no las tenía ni medidas ni calculadas. No pensé en esa parte.
¿Vos sí?