Me encanta ir a comprar ropa, especialmente ropa interior, pero la verdad es que hay mas contras que pros haciendo shopping. Las alarmas suelen ponerlas justo donde se abrocha el sujetador, de manera que cuando te lo queres probar se hace una tarea difícil, muchas veces hay que abrocharlo en un ganchito que no es el de nuestra talla, asi que : o te lo probas flojito estirando con los brazos para hacer el efecto “bien abrochado” o sencillamente te estrangulas como una ameba abrochandolo en el primer ganchito. Después están los breteles, que siempre están como si los usara una mujer con espalda de boxeador, y yo que los tengo que ajustar a mi medida “petit petit” me pregunto: ¿la que se lo pruebe despues que pensará?.
Con las bragas (bombacha, tanga, etc) pasa otra cosa, nunca sabes si probarla o no, porque aunque te la pruebes sobre tu ropa interior te da “nosequé”, ¡¡ y para que sacarme los jeans!! “mejor me lo llevo a casa y cualquier cosa lo cambio”, y mas vale que te quede bien porque jamás irás a cambiarlo y lo enterrarás en el fondo del cajón.
Una vez superada la mayoría de los obstáculos surge el siguiente dilema: ¿me llevo este conjuntito tan sexy y femenino o este otro super práctico para usar con cualquier cosa? me llevo los dosss!!!! jajajaja, pero está claro que no siempre se puede, y uno termina usando el mismo de siempre y comprando el conjuntito sexy para que luego te dure unos escasos segundos en la cama con tu pareja (y que obviamente ni se de cuenta).
Hay una cosa que no se me pasará nunca, y es el miedo a que me abran el cambiador cuando estoy en pelotas probandome ropa, aunque no haya nadie…mmm… es como un mal presentimiento que está siempre presente.