Durmiendo, jugando, comiendo, cantando, quejandose, llorando, gritando y viviendo esta maldita varicela aisladita en casa.
Las pupitas se estan secando al fin, y voy viendo algunas que son muy profundas y seguramente dejarán huella en su carita limpia y preciosa, eso me da penita, pero también soy consciente de que todos los que pasamos por esta enfermedad tenemos marcas en la cara.
La verdad es que estoy triste, el hecho de no poder hacer nada para evitar sus molestias, para calmar su dolor, me causa mucha angustia.
Sé que no es grave lo que tiene, pero mi pequeña me duele mas que nada en el mundo.
Mañana trabajaré por la tarde para que Ro pueda ir por la mañana a la reunión semanal de equipo de su trabajo, y no veo la hora de que todos volvamos a la rutina, que a mí, como a los bebés me da mucha seguridad.
Además el saber que mi contrato termina el 4 de abril me pone los pelos de punta.
En fin, que mi vida está patas pa’ rriba.



