En las vacaciones abusé de dulces, cerveza, licores, papas fritas y bocadillos al punto de volver del camping con la cara llena de granitos, hasta en la frente, los costados de la cara y por donde se te ocurra.
Después (al llegar) ataqué un frasco de mantequilla de cacahuete, la cosa mas engordante y deliciosa que probé en mi vida. Ahora estoy volviendo del mundo de lo granos y el aumento de peso, dispuesta a solucionar esto sin dietas ni períodos de desintoxicación: siplemente lo aparto de mi vida, lo dejo y lloro como en una telenovela venezolana. Fuera de mi vida!

Esta semana fue y es durilla, con Vicky que empezó el cole (maravillosamente bien) que queda a 10 calles de casa y ya va sin cochecito (el cochecito era mas para comodidad mía que por ella, que no le gusta nada). Caminar camina, pero en la luna de Valencia, es imposible que se concentre aunque sea para caminar. Mi chiqui, ella solo quiere jugar.
Le gusta el cole, y sale tan agotada (aunque duerme media horita o poco mas) que antes de las 10 de la noche está planchada, y yo felíz.
No, no lloró nada de nada, porque lo estaba deseando, estaba ya desesperada por tener contacto con otros niños, juegos, actividades dirigidas, un espacio solo para niños.