Hoy junté valor, respiré hondo, y a pesar de las náuseas y el dolor de panza que me provocaba lo siguiente, me fuí del cole de Vicky directamente al CAP (al de al lado de casa, el nuestro, no el de las brujas), decidida a que la vea la enfermera para quitarle el punto. Yo tenía más miedo que mi hija, que tras varias conversaciones (entre nosotras) se había convencido de que no todo el personal sanitario es tan HDP como quienes le cosieron la cabeza.
Le aseguré (incluso arriesgándome a que sea mentira) que iban a tratarla genial… y gracias que fue así.
Una enfermera muy amable nos atendió en horario, se dirigió a Vicky con palabras como “reina, maja, cariño” , diciendole en todo momento lo que iba a sentir, y mi hija puso de sí misma portándose como una campeona.
Después hablamos sobre la vacuna que le faltaba y se ofreció a ponérsela , y mi no-muy-convencida-hija aceptó.
Todo fue rápido y espontáneo, la enfermera me pidió que la sentara en mis piernas y la abrazara para que fuera más fácil, y con dos palabritas de ánimo y un “AAAUUUUU” terminamos con la consulta. Sin gritos, sin llantos, sin dramas, y con una nena que recuperó la confianza en los médicos y se fue con la cara sonriente.
Que alivio siento!




Ahhhhhhhhhhhhhh!!!
qué alivio!!!!
Cuanto me alegrooooooooooo!!!
besitossssssssssssss!!!